Ritual
Fecha de sesión: 01-08-2025
Fecha en el mundo: 14-15 Rievnök 1491
Resumen: Corrila les declara la situación real y se enfrentan a un ritual que podría cambiar la existencia del plano. Sin claridad, el grupo se encuentra en un lugar desconocido a merced de un poder desconocido.
Escena inicial
- Threin, se lanzó de lleno a la pileta del cuadrante opuesto al combate, cuando el dragón aún era una amenaza. Logró recuperar la caja que colgaba del cuello de la criatura, y nadó hasta el borde donde el agua apenas le llegaba al torso. Ahora, aún con gotas de agua escurriendo de su equipaje, se mantiene integro y casi sin un rasguño. El combate lo dejó agitado, pero ileso en comparación con sus compañeros. Sostiene firme en su mano izquierda una caja vacía. En la otra, un cilindro metálico adornado con letras y arandelas circulares que giran sobre si mismas. Vuelve a leer las notas escritas y no comprende... Esto que pone sus manos y su cuerpo en tensión. Sabe que lo que está escrito ahí podría cambiar todo. Sus ojos, como brasas humeantes, se alzan hacia el agujero recién abierto en el techo: lo desconocido aguarda.
- Rikard está arrodillado sobre las rocas húmedas en el extremo del cuadrante repleto con agua y partículas doradas en un rincón de la bóveda, con las manos aún temblorosas tras estabilizar a Aseroth. Su homúnculo asistente revolotea cerca, a unos pocos metros, y lo mira esperando nuevas órdenes. El gnomo apenas puede creer lo que vivieron: desde el domo cristalino, hasta el dragón mecánico más grande que jamás pudo imaginar. Tiene los anteojos sucios, el corazón latiendo a mil, y la mente trabajando a una velocidad peligrosa. Le quema en la conciencia que habrá en la caja que recuperó Threin. Necesita mas información, y pronto... pronto la tendrá. Pero aún no. Primero, hay que salir vivos de aquí.
- Iracundo, jadeante, y con el hacha aún vibrando por la tensión, Dorogul se acerca hacia el centro de la bóveda, mientras ve como sus compañeros asisten a Aseroth. Su mirada sigue clavada en el punto donde se rompió el techo. Algo en sus entrañas le dice que no fue el final. La figura translúcida que vio al principio del combate no desaparece de su mente. Apretando los dientes, murmura que deben irse, y pronto. No es la primera vez que se enfrenta a una fuerza mayor, pero esta... esta tiene intenciones que aún no logra descifrar, y eso lo inquieta más que cualquier monstruo.
- El cuerpo de Aseroth yace en posición lateral, respirando con dificultad pero estabilizado. El impacto del Blight de Corrila casi le quita la vida debajo del agua. De no ser por sus compañeros... quien sabe que habría pasado. Se hundió, inconsciente, hasta que Rikard logró sacarlo del agua, y Vittorio se acercó corriendo con la única poción que tenian para intentar sanar la hemorragia mágica con rapidez. Ahora, su piel pálida contrasta con los tatuajes dorados, algunos de los cuales emiten un leve resplandor irregular. Sus alas están extendidas, pesadas, chorreando. No sueña. No recuerda el golpe. Pero algo se agita dentro de él, como si su conexión con Kienhar se hubiera alterado... o reforzado.
- Vittorio fue el primero en tocar el suelo cuando el hexágono se activó, y quizás también el que más claramente entiende la magnitud del peligro en el que están. La profecía de la reversión... no puede ser casualidad que todo este sucediendo tan rápido. Agachado junto a Aseroth, su expresión es de preocupación pura. Acaba de ayudar a salvar una vida, y eso lo dejó helado. Hasta ahora solo había revivido a algunos cadáveres casi putrefactos. Aunque no lo admite, la escena lo hizo temblar por dentro. Mira a los demás con un leve estremecimiento en el rostro. Cada minuto que pasan en esta bóveda parece acercarlos a algo más oscuro. Vittorio no esta seguro de querer descubrir qué es... pero la curiosidad es demasiado fuerte.
Eventos
🧭 Introducción
⚔️ Nudo
🌀 Desenlace
Minuta
Luego de la violencia del enfrentamiento y del colapso arcano que estremeció la recámara, el silencio se impone con un peso incómodo. Aseroth, aún debilitado y con la respiración irregular, se incorpora con dificultad asistido por dos de sus compañeros. A pesar del dolor, sus ojos recorren el recinto con atención meticulosa, buscando cualquier signo de amenaza latente: un temblor residual, una sombra que no debería moverse, un eco que no pertenezca al lugar.
El grupo termina por reunirse en el centro de la sala. La tensión no se disipa: saben que Corrila ya no está allí, pero su ausencia no trae alivio. Rodeándolos, los pilares de energía continúan emitiendo un pulso bajo y constante, como si aguardaran una orden inconclusa. La discusión es inevitable: ¿deben intervenirlos?, ¿apagarlos?, ¿revertir lo que la maga ha puesto en marcha… o terminarlo?
Avanzan con cautela. Investigan pacientemente cada estructura, cada inscripción y cada resonancia arcana, sin descuidar jamás sus espaldas. No saben a dónde huyó la maga, ni qué consecuencias tendrá el ritual que acaba de ejecutar. Más inquietante aún: no tienen idea de cómo escapar de aquella recámara sellada, suspendida fuera de la realidad que ellos conocen.
Pasa cerca de media hora. El aire parece espesarse mientras interactúan con los pilares, probando combinaciones, afinando intuiciones, y descartando hipótesis fallidas. La magia responde de manera caprichosa, como si el lugar mismo dudara de obedecerlos.
Es entonces cuando Threin y Vittorio detectan algo distinto: una voz amortiguada, casi ahogada, proveniente del receptáculo ubicado en el centro de la recámara. No es un conjuro ni un eco arcano. Es una voz infantil. El minotauro tarda apenas unos segundos en reconocerla, y ese reconocimiento lo golpea con más fuerza que cualquier hechizo.
¿Ingal?
Mientras tanto, Dorogul, Aseroth y Rikard ponen en marcha un plan más estructurado. Vinculan los pilares con los distintos dioses, siguiendo tanto la lógica simbólica como la resonancia energética que perciben de los símbolos suspendidos sobre cada pilar y el terreno que los protege en cada cuadrante. No es un acto solamente mecánico: es casi un ritual improvisado, cargado de riesgo.
Al sumergirse en el agua cristalina de uno de los cuadrantes, Dorogul logra interactuar con uno de los pilares que esta bajo agua. Pocos segundos después siente que algo se rompe en su percepción. El mundo deja de ser sólido. Se encuentra en un espacio liminal, donde la materialidad del suelo se confunde con reflejos imposibles y distancias falsas. Sin embargo, en medio de esa distorsión, logra identificar una verdad oculta: una línea de energía que conecta los pilares entre sí, ramificándose en distintas direcciones como un entramado vivo.
Entre discusiones, desacuerdos y ajustes de último momento, el grupo finalmente logra identificar el patrón de movimientos correcto. Siguen la secuencia indicada, encadenando el flujo de energía arcana entre los seis pilares. El pulso se intensifica. El aire vibra.
No pasa mucho tiempo antes de que la consecuencia se manifieste.
Suspendida en el aire, descendiendo por una escalera invisible que solo se revela por el leve desplazamiento de su figura, Lady Corrila Larenhale aparece ante ellos. Su voz es serena, casi agradecida. Y su apariencia es definitivamente más ominosa que antes. Les da las gracias por su asistencia, como si todo hubiese sido parte de un plan mayor. Luego intenta aclarar el panorama que se avecina: no solo para los presentes en la sala, sino para todo el plano de Bloomalia. Sus palabras pesan más que su presencia, y cada frase parece sembrar una inquietud que aún no saben nombrar.
En el centro de la recámara yace el bloque macizo de oro, todavía canalizando remanentes de magia, realidad, historia y tiempo. Esa energía, sin embargo, se encuentra en franco declive. Un fino hilo comienza a quebrar la realidad frente a Dorogul. La fisura se abre como si una cortina de metal se rasgara desde adentro.
Un pie atraviesa la grieta.

Luego, una silueta humanoide emerge por completo: piel del color de la sangre seca, cabeza completamente calva, y una armadura rústica que acentúa la fortitud brutal de su físico. Un halo de fuego etéreo se disipa lentamente a su espalda mientras da algunos pasos dentro de la recámara.
Una sensación punzante atraviesa la sien de cada uno de los presentes.
En un parpadeo, el frío los envuelve.
Están nuevamente sobre tierra firme. A pocos metros de Rikard yacen los cadáveres de los caballos que tiraban del carruaje, ahora reducido a restos desarmados. El círculo verde de cristal que los mantenía atrapados se deshace como arena llevada por el viento.
El hombre de rojo intercambia unas pocas palabras con Dorogul. Su tono es directo, casi burlón aunque imponente. Se presenta como Gnarlo Rowz. Sin previo aviso, empuja al semi-orco con violencia, arrojándolo a un costado. Luego flexiona las rodillas y se desvanece en una estela vertical con dirección al cielo oscuro de la noche.