¿Que cambió realmente?

Fecha de sesión: 26-12-2025
Fecha en el mundo: 16 Rievnök 1491
Resumen: Luego de un evento espeluznante e incierto, el grupo se encuentra nuevamente con los pies sobre la tierra. Expectativas? Muchas. Certezas? Escasas.

Eventos

🧭 Introducción

⚔️ Nudo

🌀 Desenlace

Minuta

Apenas unos instantes después de la partida de este sujeto robusto y amenazante que se presento ante los aventureros como Gnarlo Rowz, entre pocas palabras deciden bajar las revoluciones. Sin más preámbulos —como si verbalizar lo ocurrido pudiera hacerlo más real— juntan sus pertenencias y se alejan unos cien metros, hasta un pequeño conjunto de árboles jóvenes que rompen la monotonía del terreno abierto. Allí montan campamento. Conversan poco. El cansancio es físico, sí, pero también mental. Uno a uno, el silencio termina por vencerlos.

Descansar era necesario.

A la mañana siguiente, Threin es el primero en despertar.

El pensamiento llega de inmediato: cómo continuar el viaje ahora que el carro esta roto y los caballos ya no existen. Mientras se reincorpora, algo le llama la atención. El tronco que usaron como banco la noche anterior está volcado, cerca de la fogata. La lona con las pertenencias de todos sigue allí, casi en el mismo lugar. Entre las cenizas apagadas, una brisa fresca logra reavivar por un segundo el naranja débil de unas pocas brasas que aún sobreviven.

Entonces ve las huellas.

La tierra alrededor del campamento está marcada por pisadas. No muchas. Todas del mismo tipo. Demasiado familiares. Cerca del fuego hay papeles arrugados que no llegaron a quemarse del todo. Y, clavado en el tronco volcado, un cuchillo sostiene una hoja en mejor estado que las demás, cubierta de garabatos apresurados.

Threin se acerca con cautela. A poco más de un metro, Vittorio y Aseroth comienzan a desperezarse. Dorogul ronca, echado en dirección opuesta, completamente ajeno a la escena.

Falta alguien.

Threin toma el papel del tronco, lo desclava, y lo lee en voz alta.

Si intento entender más, necesito otra posición.
Y tengo que aceptar que hay cosas que necesitan cambiar.
Aunque... otras ya cambiaron.

NO TODO LO ANTIGUO DUERME PARA SIEMPPRE

No me voy porque tenga miedo,
ni por mi ni por ustedes.

Me voy porque esto va a empezar a responderme
de una u otra forma

Y si eso pasa,
no podré fingir más.

Si sobrevivo a lo que estoy por hacer,
tal vez regrese.

Si no,
NO ME BUSQUEN.

No demoran en comprender que Rikard partió solo, y que no esperan verlo regresar pronto.

El grupo intenta decantar cuál es el mejor curso de acción. Ahora son uno menos. Y los peligros, lejos de amainar, parecen ser cada vez más. En el horizonte, algunos truenos graves resuenan a la distancia, acompañados de nubes gris azabache que anuncian una tormenta leve, pero inminente.

El paso es lento al principio. Sin embargo, tras discutirlo, resuelven avanzar hacia el sur. A Freyton. Saben poco de la ciudad capital: se oculta en algún punto del gran bosque sureño, y solo se puede acceder con invitación y aviso, y por rutas específicas que desconocen actualmente.

Caminan durante cerca de media hora, conversando, hasta que las tensiones latentes comienzan a aflorar.

Vittorio menciona, casi al pasar, que el alma de Ingal reside dentro de la daga. Al escuchar esto, Threin cuestiona de inmediato el funcionamiento del objeto, y no puede evitar preguntarse si Vittorio realmente comprende lo que está haciendo. Aseroth observa desde un costado; la energía que emana de la hoja semi translúcida capta su atención de manera inequívoca.

Poco después, Vittorio saca el Cryptex de su morral. Aseroth, que ya escuchó lo suficiente, intenta canalizar la energía del Refracto para indicarle mentalmente que se lo entregue. La intención tiene efecto: en medio de la conversación con Threin, Vittorio estira el brazo casi sin darse cuenta y acerca el cilindro metálico al aasimar. Aseroth percibe la respuesta… pero decide no forzar nada más.

Dorogul, por su parte, se detiene y queda unos pasos atrás del grupo. Mira al horizonte, y una voz espectral se pronuncia en susurros dentro de su mente.

¿Muchacho? ¿A donde se dirigen?
Dorogul..
Dorogul..
¡DOROGUL!
Devuélveme mis pertenencias!!
Mis cosas...
¡Y MI BARCO!

Harkon lo interroga dentro de su mente. En un instante fugaz, la mirada del semi-orco se afina, como si estuviera observando a través de un catalejo imposible. El mundo se contrae. Recorre el territorio hasta dar con The Grip of Death, varado en la costa al norte de Solicia.

Luego, el interrogatorio cesa. Dorogul vuelve en sí, interrumpido por sus compañeros.

Aseroth intenta poner palabras al caos. Señala que en los últimos dos días se han ganado enemigos firmes. Insiste en que deben ir a Freyton. Incluso ofrece oro a cambio de acompañarlo. El apuro en su voz es genuino. El paso del tiempo le pesa de una forma que no sentía desde que tenía doce años. Ahora supera los doscientos.

Discute brevemente con Threin, quien cuestiona su actitud, distinta a la de días atrás. Cuestiona a su compañero alado con intenciones de aclarar su intención, y lo hace entrar un poco en razón. Ase recuerda que su maestro Gyamtso Karipo le encomendó ir a Freyton cuando partió meses atrás. Allí hay un monasterio. Allí tiene un contacto. Y alguien, en algún punto, lo espera.

Mientras tanto, Dorogul le pide el Cryptex a Vittorio. Lo recibe y prueba palabras al azar: “Dragón”. “Tiempo”. “Harkon”. Nada ocurre. Conversa con Threin sobre el barco que Harkon exige recuperar y señala con el índice en dirección al noreste, aún sabiendo que debe estar a más de cien kilómetros. En su mano, el Cryptex emite uno… dos… tres pulsos de energía leve. Threin logra ver cómo una esfera sutil altera la gravedad alrededor del artefacto, impidiendo que las gotas de lluvia lo toquen.

Se burlan de lo absurdo que resulta que Dorogul haya “visto” el barco a esa distancia. Threin ríe, pero Dorogul insiste vuelve a señalar en la misma dirección reafirmando su certeza.

Entonces ocurre.

Un relámpago blanco cae desde las nubes e impacta en el suelo a unos cien metros. De inmediato, una reacción exactamente polar. Un relámpago negro asciende por el mismo eje, retorciéndose como una raíz ennegrecida entre las nubes grises. El aire cruje como madera forzada. El tejido de la realidad se quiebra.

Desde la tierra, el barco ennegrecido que vieron hace diez días en la playa de estilas al norte de Solicia, se abre paso surcando el suelo como un arado gigantesco. Durante unos segundos, el barco navega sobre tierra firme… hasta detenerse.

No saben qué acaban de presenciar. Ni qué hacer o como encarar el elefante en el medio del campo. Un barco... en tierra... ¿cómo hizo Dorogul para manifestar eso, si es que él lo hizo? Y aún más importante, ¿cómo sacar semejante bestia de allí?

Con lagunas ideas poco concretas, deciden separarse. Vittorio vuelve sobre sus pasos. Intentar reanimar los caballos muertos puede ser una opción al menos útil. De camino refunfuña y piensa ¿Cómo no hice esto antes de salir? Veinte minutos más caminando, hurra! Aseroth sobrevuela el barco y confirma que todo parece igual que antes. Dorogul y Threin suben a cubierta con su ayuda.

Cuando Aseroth intenta abrir la puerta que da a la cubierta inferior, es sorprendido por centellas de núcleo lila que dejan estelas turquesa al pasar por sus flancos. Calaveras llameantes emergen y se dispersan por la cubierta del barco. Seis cráneos color lila envueltos en un aura flamígera turquesa rodean al grupo.

El combate es surreal. También el estrés de la situación, que los carcome paso a paso. Pareciera no haber respiro. Cada vuelta a la esquina es un nuevo interrogante sin resolver.

Threin intenta pero no logra canalizar la energía arcana suficiente para lanzar un hechizo certero, y percibe que algo extraño sucede en su entorno arcano. Aseroth golpea desde el aire causando impactos estratégicos mientras busca reposicionar a los enemigos. Dorogul destroza calaveras con su hacha, notando con inquietud que el Refracto de Ignis incrustado en ella está apagado. Después de unos minutos intensos y electrizantes, Vittorio aparece montado en uno de los caballos reanimados. A la distancia le cuesta entender que sucede exactamente. Sin embargo deduce que definitivamente son problemas, no soluciones. El mago nigromante se incorpora un poco tarde al combate, y lanza un hechizo que sorprende a sus compañeros. En el suelo, entre dos maderas rotas que dejan ver poco del nivel inferior del barco, se alza una sombra amorfa aunque densa. Pareciera ser opaca y corpórea, sin intenciones de disiparse. Contenida en una suerte de tentáculo, se alza para rodear y abrazar una de las calaveras flotantes que ubicada a menos de medio metro de Dorogul. Con una velocidad lenta pero abrumadora, el cráneo es opacado completamente por la sombra arcana y se desintegra en arena mientras que la columna de humo sombrío se vuelve más y más delgada hasta desaparecer.

A los pocos instantes, una de las calaveras se eleva casi hasta el mástil. Un crujido profundo —como un glaciar partiéndose— emana de su pequeño cráneo. Crece levemente. Las llamas turquesa se oscurecen desde el exterior hacia el centro, acompañadas de una vibración profunda en el entorno que resuena en el pecho de los aventureros mientras observan el cambio en comportamiento y apariencia de este adversario.

Golpes van y vienen de un lado a otro, y dos nuevas calaveras emergen del bajo cubierta comandadas por un chirrido escalofriante proveniente del cráneo oscuro que aún sobrevuela el entorno. Vittorio falla varias veces antes de lograr un absorber la esencia de un enemigo. Aseroth sobrevuela el area de combate para posicionarse sobre el cráneo oscuro y logra dar un golpe táctico que acerca el objetivo al alcance de todos. El golpe letal viene de la mano de Threin, que canaliza energía eléctrica a través de su báculo metálico, con lo que logran neutralizar a la calavera más poderosa.

El resto cae poco después.

Recuperan el aliento. Se preguntan si esto está ligado a Harkon. Aclaran asuntos con Vittorio, quien descubre que no es la primera vez que el barco es atacado por fuerzas paranormales.

Habiendo reducido el peligro inminente, conversan entre todos y Threin decide consultar el mapa de Kraum. Coloca junto a él el mapa continental y el del tesoro de Harkon. Una pregunta pendiente vuelve a cobrar forma. ¿Dónde se encuentra el origen de esta maldición que nos aceca hace semanas?