Encallados

Fecha de sesión: 27-02-2026
Fecha en el mundo: 18 Rievnök 1491
Resumen: El grupo se adentra en el callo llamado "La cabeza de la bestia"

Eventos

🧭 Introducción

⚔️ Nudo

🌀 Desenlace

Minuta

El viento golpeaba las rocas como si quisiera arrancarlas del mar. Un viento frio se presentaba de a momentos a espaldas sus espaldas mientras que el grupo avanzaba saltando entre plataformas húmedas hasta finalmente pisar la formación.

Ahí está… —murmuró Flynn—. La Cabeza de la Bestia. Mientras seguían debatiendo que hacer acá.

Dorogul no dudó. Dio un paso al frente.

No parece gran cosa… Dejen de dar tantas vueltas. —alcanzó a decir.

Su brazo se detuvo. No tembló. No dudó. Simplemente… dejó de responder.

…¿Dorogul? —preguntó Threin, acercándose.

El otro brazo quedo inerte. Luego las piernas. El torso. La cabeza quedó fija, mirando al horizonte.

No está petrificado… —dijo Vittorio, entrecerrando los ojos— esto es otra cosa.
Déjenme intentar algo —agregó Rex aventando su varita con un firulete en el aire— creo poder comunicarme con él.

Efectivamente, con un hechizo menor, logró entrar en la mente de Dorogul y hablar brevemente con él. No parecía sufrir dolor alguno, sino frío. Y bueno, incomodidad claro. Rex no escuchó más que esas palabras, hasta que un dolor punzante recorrió su cien y le aflojó las rodillas, casi haciendo que suelte su varita.

Muévanse. —interrumpió Flynn— Algo en este lugar no está bien.


Aseroth ya estaba en el aire. Las alas se desplegaron con un golpe seco y ascendió.

No veo— dirigió la el Aasimar al Infernis luego de que este último le preguntara que había más allá. —Esperá… hay algo en el centro.

Mientras tanto, Rex avanzaba por la izquierda junto al cadáver reanimado, arrastrando los pies sobre la roca húmeda. Vittorio no esperó. Siguió directo al corazón de la formación tras que Aseroth le señalara un punto veinte metros más adelante.

Este lugar… —dijo Flynn en voz baja— yo ya estuve acá.

Aseroth giró en el aire.

¿Cuándo?

Flynn no respondió.

Su cuerpo empezó a desarmarse. Se deshizo delante de los ojos de Aseroth y Vittorio que acababan de voltear en su dirección.

Una nube de partículas oscuras lo envolvió… y desapareció.

Silencio.

¿Dónde está Flynn?! —gritó Rex desde el fondo.

Lo perdimos. —susurró Threin, tensando el agarre del báculo.

No. —dijo Vittorio— Nos encontraron primero.

Frente a ellos, el aire se dobló. Partículas negras comenzaron a condensarse.

La silueta de una cara, sin rostro y sin una forma clara se formó ante ellos.

Aseroth sin dudarlo descendió como un rayo y atravesó la figura.

Un frío espeluznante le recorrió todo el lado izquierdo del cuerpo.

…no está solo.

Algo emergió detrás de él.

Un cuerpo oscuro, viscoso, brillante como petróleo.

Las mandíbulas se abrieron en múltiples capas.

RARGHHH… —chirrió la criatura en un sonido imposible.

Sin demasiado tiempo a reaccionar el combate estalló.


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¡Vittorio, intenta contenerlo!
En eso estoy, pero no facil — respondió el clérigo de Ektis.
¡no tiene forma estable y será mejor que se mantenga así! — agregó Aseroth mientras se volteaba para aventar otro golpe directo en el torso que comenzaba a materializarse.

Un golpe de precisión quirúrgica, un impacto que generó ondulaciones en la materia de la criatura. Ya era demasiado tarde.

A la distancia y enfocados en un problema secundario pero no menor, se encontraban Threin con Rex frente a dos aberraciones difíciles de asimilar. No solo por su apariencia, sino por lo que significa cruzarse a una de ellas. Y estas eran dos.

Threin!— dijo Rex.
Ya las vi.— respondió Threin con un gruñido furioso.

Dos figuras avanzaban sobre la roca emergiendo del agua helada deslizándose lentamente hasta dejar ver su cintura y un torso femenino.

¿Sirenas…? — preguntó Rex a la distancia.
No son sirenas muchacho. — Aclaró el minotauro a punto de dar un paso adelante en la dirección de estas aberraciones.

Una de ellas abrió la boca. Su mandibula bífida dejo ver que la garganta se abría para mostrar una configuración de huesos impoluta como los engranajes de un reloj.
Y comenzaron a sonar esas notas que cualquier marinero experimentado sabría reconocer.

Threin quedó atónito por un segundo, mientras que un proyectil arcano cruzó el aire.

¡Ahora! —gritó Rex.

Threin reaccionó al instante, cargó el báculo y saltó con los cuernos de frente para embestir a la criatura.

Ya tuve suficiente!

El golpe resonó seco y desplazó a la criatura.
Aprovecho el envión, giro ligeramente sobre sí mismo y levantó su báculo haciendo una estela semicircular de pequeños relámpagos detrás de sí.

El extremo metálico impactó en la mandibula de la sirena generando un ruido seco y haciendo que las notas musicales cesen.

La cabeza se desprendió y el cuerpo cayó… pero siguió moviéndose unos segundos más antes de caer nuevamente al mar y perderse de vista.

Con una reacción rápida, Threin flanqueó a la segunda criatura y la tomo cuello con el báculo cargado, mientras que esta forcejeaba inútilmente.

En el centro del callo, el demonio recibía golpes a diestra y siniestra por parte de Aseroth y Vittorio.

¡Atacalo por la espalda! —gritó Vittorio dando una orden al cadáver que estaba animado listo para actuar a pocos metros detrás del demonio.

El impacto tomó por sorpresa al demonio, y terminó de extraer la energía que lo ataba a este plano.

La forma se desgarró hacia atrás, como succionada por la misma grieta desde la que se había formado.

Silencio.


El mar volvió a escucharse.

El grupo respiraba con dificultad recuperando el aliento mientras se agrupaban nuevamente en el centro del callo.

Eso… no era un guardián común. —dijo Rex.

No. —respondió Vittorio— estaba custodiando algo.

Si, lo que no nos quiso decir el anciano. —murmuró Threin.

Un sonido. Agua rompiéndose como si una roca hubiese caído desde lo alto.

Aseroth giró y vió como una mano emergía de la profundidad.

…no puede ser.

Se lanzó sin dudar.

¡Flynn!

Lo tomó del brazo y lo sacó del agua. El Infernis tosía, empapado, con la mirada perdida.

Lo encontré… —dijo débilmente.

En su muñeca se podía ver una fina soga negra. En el extremo, un cristal oscuro que parecía no refractar la luz de forma natural.

…¿qué es eso?. —susurró Vittorio.

ARGHH — A lo lejos, el cuerpo de Dorogul se desplomó de rodillas luego de un grito seco y brutal.

Y luego… silencio.

Su cuerpo yacía sobre la roca húmeda, inconsciente.