Aseroth

Char sheet

Stats

Str Dex Con Int Wis Char
11 (+0) 20 (+5) 16 (+3) 15 (+2) 17 (+3) 9 (-1)

Descripción

Contextura: Altamente entrenado. Humanoide con alas emplumadas, estereotipo de angel.
Edad: 214 (parece de 30 comparado con un humano promedio)
Color de piel: claro

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Rango

Cinturón naranjo en el monasterio de Jurak, resguardado por los monjes Kien.

Objetivos personales

Aseroth se encuentra en la búsqueda de alguna explicación sobre su origen -el cual desconoce porque lo criaron los monjes del templo donde vivió casi toda su vida-, por lo que se dedico a aprender todo lo que pudiera de su raza. Domina técnicas de artes marciales místicas, aunque nunca logro despertar el poder celestial que en apariencia, y por conjeturas de todos los que lo rodean, debería tener.

Historia

Difícilmente tiene sueño y no necesita dormir realmente. Es mas que nada la costumbre que le impusieron. No come demasiado tampoco, sospecha que debe hacerlo porque no sabe que podría pasarle si no lo hace. Aunque, ha pasado cerca de un mes sin comer y no tuvo problemas en desenvolverse como cualquier otro día normal.

Aprendió a hablar el lenguaje celestial, infernal (intentando estudiar escritos que le dieran algunas respuestas) y el natal (que no se cual sera según el mapa), jamás le dio importancia a aprender bien el lenguaje comun asique un poco se le complica.

Luego de haber encontrado un nivel casi insuperable en sus practicas marciales, ha vagado por ahi de pueblo en pueblo, de templo en templo, de iglesia en iglesia, intentando dar algun día con alguna pista que le permita saber que o quién es.

Introducción - Ward Until Decay

Ase creció en el templo de Jurak (en la región de Syppra) bajo la tutela de los monjes Kien, uno de los últimos monasterios en pie, al menos en el continente de Draac Racimun. Durante los últimos años han mantenido contacto con algunos monjes en el monasterio de Freyton.

Jurak no recibe visitas desde hace por lo menos trescientos años. Incluso antes del cataclismo ocurrido el Día de la traición, que devastó por completo casi la mitad del bosque de sequoias que cubría la región de Syppra (ubicada al norte) en el continente de Draac Racimun. Sin embargo, hace unos 50 o 60 años ocurrió algo que los Kien jamás creían posible. En el templo, algo tomo por sorpresa a la gran mayoría de los residentes, con excepción de los monjes más antiguos de la comunidad. Un sátiro se presentó en la entrada del principal del templo, muy débil y casi al borde de la muerte, balbuceando y apenas sosteniéndose en pie. Entre gemidos y algunas palabras inentendibles se escuchaba:

-Llegue!...Vigilded...Chrono...
-Junour!...agua...por los ordinales...Cadenis...debemos
-Ouro...profecía...mm...ancer...chimera...
-de la Reversión...R'lgara...R'LGARA

Hubo una pausa. Un silencio pétreo cuando cayó de rodillas al suelo. Nadie parecía emitir sonido, mas que el mismo viento de siempre y la calma.

-...unirnos...Junour...reliquias...
-...Sophon...ash..borne....petal...borne...
-...Gh...G'avta...NO!
-...la profecía...Argent...re...versión
-Unidos....más que....nunca
-Vuelvan...petal...es posible
-...borne...PETALBORNE!...
-El sur...peligra...Ynfra...Etin...
-...
-...
-...Vadia...Sagajir...Freyton...
-...Bifrit...LAVIAN...R'LGARA

Gyamtso Karipo, el monje supremo, con suma calma, acudió desde un costado a atender el deplorable estado del sátiro. Este continuaba balbuceando en un lenguaje que se creía olvidado. Kembali colocó su pulgar derecho sobre la cien del sátiro y su índice izquierdo sobre el esternón.

Pasaron unos segundos, hasta que el sátiro quedó en un estado de calma. Había continuado su viaje.

Bhakto Kembali, su segundo, ayudó a Gyamtso a reincorporarse, un poco desorientado. Inmediatamente los dos procedieron a caminar hacia la escalinata más cercana, rodeados de unos veinticinco aprendices y maestros. Gyamtso levanto su voz, suave pero con una profundidad y compromiso como jamás lo habían escuchado.

Bueno. Me temía que este día hubiera pasado luego de que yo no esté.
Kienhar siempre prometió que sostendría esa esperanza, esa mirada.
Como siempre lo ha hecho. Tiempo. Eso es todo lo que tenemos.
A todos...
Rangos darco y naranjo. Es hora.

Tu corazón se frenó medio segundo. Habías adquirido el rango naranjo hace unos siete meses. Algo en tu interior festejaba por salir a recorrer el mundo. Pero a la vez, te dolía pensar en dejar tu hogar y a todos los presentes. Tal vez fue porque comprendiste más que la mayoría. No estabas seguro, pero pudiste reconocer varias de las palabras que dijo el sátiro antes de cerrar sus ojos por última vez.

Gyamtso continuó,
Son pocos, pero deberán acompañarse
Ustedes cinco, Kiu, Lee, Ase, Thia y Shei.
Mañana a primer alba saldrán hacia el sur.
Hacia Ashborne. No se demoren mucho ahí y crucen a Petalborne.
Apresuren, el viaje hacia Solicia es largo.
Deberán navegar. El sur los necesita.
Freyton esta en peligro.
Les deseo lo mejor.

Gyamtso te buscó con la mirada y en silencio sin mover sus labios, una palabra que te había mencionado cuando eras un mero pequeño, de unos doce años.

-Qhasus

Estaba mal visto hablar de los Eldritch Gods con los demás monjes. Cada quién podía investigar por su cuenta, llegando a sus propias conclusiones, pero jamás arrojarían al aire pleno del templo de Jurak alguna palabra que represente el horror que han traído esos seres al mundo. Sabes que Qhasus es uno de los tres Eldritch Gods que existen en el plano de Bloomalia, y que es la deidad de quienes habitan en las Cavernas Lonir.

Pasaron las horas y la noche llegó, calma como siempre, aunque esta vez el frío se sintió un poco más en tus huesos. Estabas por recostarte para emprender tu misión mañana a primera luz del día, cuando...

-Ase. En otro momento nos encontraremos, y podré darte una mejor guía. Por ahora, deberás continuar solo. Espero que no te frustres. Hay cosas que, a partir de esta tarde, ya no están bajo mi tutela. Nos veremos en otra etapa muchacho.

Sin decirte más, sabías que Gyamtso se estaba despidiendo. Por un buen rato, pero no para siempre.

Fue larga pero tranquila esa noche. Y el ruido de algunos pájaros te indicó que era hora de reunirse con los otros darcos y naranjos para partir. Se reunieron con los demás maestros, hicieron una gran ceremonia, jamás vista al menos en tu tiempo acá. Y los despidieron dando el mejor augurio y la mayor tranquilidad que pudieran citar.

Entre sus pertenencias, todos fueron obsequiados un pergamino de plumas negras, en caso de que el viaje se volviera peligroso, o simplemente que sus cuerpos no soportaran el desolado clima del Desierto de Jurak. Varias charlas, comidas y guardias fueron ritual de acompañamiento en el viaje, como siempre lo hicieron en el templo. Unos quince días despues de partir, a mitad de camino según calculaban, Kiu (Kenku) y Shei (Goliath) no soportaron tanto traqueteo a pie, por lo que se despidieron del grupo lamentándose. Leyeron algunas palabras de sus respectivos pergaminos, y en un abrir y cerrar de ojos desaparecieron. Quedaron solo vos, Lee (humano) y Thia (elfa).

Cuatro días después, como si los otros dos hubiesen sabido, se encontraron con un nido de Quimeras. La madre estaba cuidando una cría, y se les abalanzó apenas los vio acercarse. Pero fue raro porque se abalanzó primero sobre tus dos compañeros. Dejando a Lee gravemente herido. Thia sabía que él no iba a sobrevivir, por lo que sin consultar, inmediatamente ejecutó ambos pergaminos.

Qué hago? pensaste en unos pocos segundos mientras la quimera se acercaba hacia vos con un paso lento y amenazante.
No puedo abandonarlos, pero menos podría...Debo enfrentarme a esto, cueste lo que cueste

A tu primera reacción, no violenta como de costumbre, fue levantar una mano con la palma abierta hacia arriba. Dudaste si fue por tus alas o por algún otro motivo. Pero la quimera se arrodilló ante vos, como si te pidiese ayuda. Levantó la cabeza y te hizo un gesto hacia donde estaba su cría.
Volteaste hacia allí buscando ver al animal indefenso cerca del nido, y no había nada. Miraste de nuevo al frente, y tampoco. Con el sol en alto y el horizonte delante de tus ojos, en una fracción de segundo viste caer un relámpago negro que grabó en tu retina una figura extremadamente particular.
Un par de alas con plumas negras, un rostro extremadamente serio con facciones felinas, y cuerpo cuadrúpedo esbelto más bello que cualquier pintura, escultura o libro que hayas leído pudo describir alguna vez. Lo cubría un halo dorado, remanente del relámpago y electrizando el aire al punto de poner tus pelos de punta.

Pestañeaste nuevamente y estabas junto a Thia y Lee. Unos dos cien metros atrás, parando a tomar agua, minutos antes de encontrarse con la bestia que casi pone fin a su viaje. Con algunos detalles, rápidamente les mencionaste de tu presagio, y sugeriste que vuelvan. Como siempre, ninguno dudó de la palabra del otro. Tomaron sus pergaminos y volvieron al templo. Seguiste caminando, esperando encontrarte con esa escena una vez mas. Pasaron horas. No había señal alguna de otro ser vivo en kilómetros a la redonda. Siete u ocho días. Tal vez diez. Nada aún.

Cuando creías que esa caminata eterna nunca llegaría a su fin, comenzaste a ver una línea muy fina al horizonte. Luego de dos días, esa franja comenzó a tomar forma y pudiste distinguir que efectivamente era el Bosque de Junour, con su característico color verde esmeralda en las copas de los árboles, casi idéntico al bosque de Jurak, cerca de tu templo. Al oeste comenzó a formarse una segunda línea por detrás, bastante mas elevada y pronunciada. Una secuencia de montañas y picos monumentales que se extienden de este a oeste. Los Alpes de Lonir, indefectiblemente.

Lograste atravesar el claro inmediato que te ofreció el bosque, e inmediatamente comenzaron a aparecer algunas rutas de comercio ya marcadas en la tierra. No te llevó mucho seguir los totems y carteles que indicaban el camino hacia Ashborne. Una vez allí, conseguiste cruzar sin problemas a Petalborne en uno de los pequeños navíos que llevaban comerciantes, trabajadores y alguna que otra encomienda. Ubicaste la iglesia de Petalborne, y entablaste algunas conversaciones interesantes con los sacerdotes y paladines de allí. Varias miradas incomodas y otras de asombro te cotejaron, ya que es probable que los habitantes de esta ciudad jamás hayan visto a un ser como vos en sus pagos. Pero no dudaron en seguir sus quehaceres.

Este último tramo te habrá llevado poco más de dos días. Pero ya te encontrabas en un barco bastante grande rumbo a Shoca. Primera parada, donde pensabas recolectar algo más de información en el templo o iglesia de la religión que estuviese de turno. Solo unas semanas más y llegarías a Solicia, el puerto más colorido y frívolo del sur. Último escalón. De ahí será cuestión de encontrar indicaciones hacia Freyton, lo cual no parecía difícil.